Agencia de Diseño

Una agencia de Diseño se puede considerar una sutil intérprete de lo que las empresas que la contratan quieren transmitir al mercado y en base a su creatividad diseñar una imágen, un producto, que produzca el efecto deseado por la misma en los consumidores, de forma tal que los objetivos buscados se obtengan.

El diseño es sinónimo de expresión de una idea sin la utilización de largos textos, es decir un color expresa sentimientos y sensaciones, una forma, una imágen, un vídeo, un sonido y se puede expresar algo quizás más completo y más amplio a través de estos elementos que a través del lenguaje convencional de texto.

De esta forma las agencia de diseño tienen que tener una íntima relación con la empresa que contrata sus servicios para lograr extraer la escencia del producto o servicio que se quiere presentar en el mercado, de forma que lo que exprese el diseño posterior que nacerá de la creatividad de la agencia, esté alineado profundamente con esa escencia y al consumidor le llegue de la forma más eficaz posible.

En la mayoría de los casos, las agencias de diseño se vinculan a las agencias de publicidad, integrándose en la misma empresa las dos actividades como forma también de optimizar los resultados, ya que luego de diseñado el producto debe ser conocido y promocionado en los diferentes sectores que indique el targuet del mismo, es decir hacia el sector del mercado que apunta satisfacer el producto en cuestión.

La profesionalidad de las Agencias permite obtener mayor retorno de la inversión realizada, ya que el profundo conocimiento de los medios disponibles, y su vinculación con los sectores del mercado que los utiliza, permite un “ahorro” de medios económicos utilizado, ya que evita que se invierta en medios que no se asocian con el tipo de targuet que tiene el producto que se promociona.

La contratación de una Agencia de diseño para una empresa que quiere lograr resultados concretos, no es un gasto, sino una inversión que consigue a través del aumento en las ventas del producto un retorno de los medios económicos invertidos. De otra manera, además de no conseguir resultados, se produce una frustación que puede llevar a la conclusión equivocada que el producto no es bueno para el mercado, cuando en realidad el ahorro mal entendido de no acudir a una vía profesional de promoción, es lo que está provocando que el mercado no lo consuma.